Mi primera semana

Mi primera semana

¡Exacto! Llevo una semana sin fumar!

No lo voy a negar, he tenido mis momentos en los que me hubiera fumado una cajetilla del tirón. Uno tras otro, sin parar. También momentos en los que he aspirado los restos de humo del cigarrillo de un  cualquiera buscando el más mínimo resquicio de nicotina.

Pero también diré que contra todo pronóstico: me está resultando más sencillo de lo que pensaba.

Y creo que es gracias al plan escalonado de la guía que estoy siguiendo.


Cuando comencé esta gesta fue sin pretender llegar hasta el final. Quizás queriendo demostrarme que no fumaba tanto... Que quizás con reducir un poco sería suficiente en un intento de justificarme con datos, lo bien que lo llevaba.

Así que empecé registrando cada cigarro en mi asistente:

•El primero, justo antes de empezar a trabajar.

•El segundo, el tercero, el cuarto… y aún quedaba medio día.

•El de después de comer. Y el de… y el de… ¡No!

¡Basta!

Joder. Fumaba más de lo que pensaba. Más bien, fumaba sin pensar. 

Ese día, el cómputo final de cigarros fue de siete cigarros. 
Cada vez que abría el asistente para reportar que me iba a fumar otro, veía los que ya llevaba, el tiempo transcurrido desde el anterior...
Algunos cigarros nunca me los encendí.

Si no los hubiera estado apuntando, no quiero ni saber cuántos habrían sido.

Así que, en realidad, esa primera cuenta no reflejaba todo mi consumo habitual.
Ese día, ya empecé a dejar de fumar.

Ese primer día fue revelador.
Decidí que esos siete cigarros serían mi máximo diario.

Y  sorprendente no resultó ser un gran sacrificio.

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