La trampa; Entenderla y darle la vuelta

 

La trampa; Entenderla y darle la vuelta

Hace poco, un lector me recomendó el libro de Allen Carr “Es fácil dejar de fumar si sabes cómo”.

No me lancé de cabeza. Siguiendo con mi costumbre de analizar antes de actuar, le pedí a miasistente que me hiciera un buen resumen del método.

Y aquí viene lo curioso: el resumen encajaba perfectamente con lo que yo ya estaba experimentando gracias al plan que si funciona para dejar de fumar.

Lo que más me resonó del resumen de Carr fue esta idea:
fumar es una trampa que te haces a ti mismo.

Nos convencemos de que el cigarro nos relaja, que nos ayuda a concentrarnos, que es nuestro compañero en el café o en la cerveza.
Y poco a poco, cigarro a cigarro, vamos condicionando todos placeres de la vida:

  • El café…con un cigarro.
  • La cerveza se acompaña con un “piti”.
  • Salir de fiesta parece, ya exige un paquete entero.
  • Incluso en mitad de una buena comida familiar, te levantas para fumar, aunque estés a gusto.

Al final, es el tabaco el que decide cuándo y dónde paras el mundo para darle una calada.

Ya llevo ¡UN MES! Libre de nicotina, pero cuando me decidí a dejarlo, lo que más me pesaba era el miedo.


Miedo a no poder, a perder el control, a volverme insoportable, a no disfrutar de los momentos como antes.

Pero el plan de la Asociación Contra el Cáncer me ayudó a ir paso a paso: primero anotando, luego entendiendo el porqué, el cuándo y el dónde de cada cigarro.
Y poco a poco, fui consciente de esas “trampas” y decidí darle la vuelta a la tortilla y usarlas a mi favor.

Y así comencé a jugar con las trampas:

  • Si antes de entrar a trabajar siempre fumaba, me reté a esperar una hora.
  • Si café y cigarro iban juntos, decidí separarlos por media hora.
  • Si el de la cerveza era automático, me obligaba a terminar la caña y esperar un rato.

No es que lo dejara radicalmente de un día para otro. Pero con cada pequeño reto me iba demostrando que podía retrasar, evitar o incluso saltarme algunos cigarrillos.

Y cuando ves que puedes hacerlo, casi sin darte cuenta, fumar deja de ser algo que “necesitas” y pasa a ser algo que eliges… o que dejas de elegir. Y como dice Allen Carr, no necesitas fuerza de voluntad, porque ya…

No es fuerza de voluntad, es inercia

Simplemente, al ir rompiendo las asociaciones y desmontando esas trampas, el hábito se fue deshaciendo solo.

No fue mágico ni heroico, pero sí liberador.


Si estás en el mismo camino, quizá esto te sirva:
no necesitas dejarlo de golpe para empezar a dejarlo.
Empieza por retrasar, cuestionar y jugar con el hábito.
Cada cigarro que no fumas, por pequeño que parezca, es un paso hacia la libertad.

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